Perdidos por los jardines, finalmente nos detuvimos a mirar el cielo. Tendidos, recosté mi cabeza sobre su vientre con una confianza que nunca había mostrado. El azul del cielo complementaba el verde de los campos, así como mi rostro complementaba las suaves curvas entre su cintura y su pecho. Con la mirada caída, observaba sus senderos y sus llanuras. Ella, desde la altura, miraba mi cuerpo parcialmente tendido sobre el suyo y gentilmente acariciaba mi cabello. Ninguno de los dos dijo una palabra sobre como fue que terminamos de esa manera, pero ninguno tampoco detuvo al otro. Con el corazón vestido de plata, y la esperanza filtrándose entre las nubes, fue como si los dos al mismo tiempo decidiéramos dejar de jugar al fuerte por un momento, y nos atrevimos a mostrar un poco de nosotros; con la esperanza de que nuestra curiosidad fuera correspondida.
Su aroma era intoxicante; dulce y sensual hasta nublar la cúpula de mis sentidos. Su aire penetraba mi piel y suavemente masajeaba mis poros y venas. Su piel era cálida y suave. Mi mal cuidada barba no era ni remotamente digna de tocarla, sin embargo ella aceptaba la invasión de mi cuerpo con tranquilidad. Al mismo tiempo, mis manos acariciaban su vientre y sus piernas. Despacio y sutilmente las puntas de mis dedos rozaban su superficie, casi sin tocarla, como si estuviera en llamas. El aire entre nuestros cuerpos generaba una fricción que comunicaba todas las palabras que durante tanto tiempo habíamos querido, pero no habíamos podido, decir. Finalmente, como el caudal de un río que no puede dominar la fuerza de la tormenta, sucedió.
-Mi alma es siempre perseguida por miles de demonios que me tormentan y me consumen. Invierto cada gota de mi fuerza en mantenerlos al borde, en no dejar que me dominen. Muchas veces pierdo la lucha, y parte de mi es consumida como recuerdos. Hay momentos cuando dudo sí todavía puedo vencerles.- dije repentinamente. Ella no dijo nada, siguió acariciando mi cabello, y mi rostro. Yo continúe -al escuchar tus latidos, sentir tu calor y respirar tu aire, haces que todos los demonios huyan, y parezcan insignificantes ante la fuerza que tu me das. Justo ahora, me llena una paz que no he sentido en mucho, mucho tiempo. Así que, de ser posible, me gustaría permanecer acostado aquí contigo, al menos unos minutos más. Tan sólo los suficientes para grabar este momento en mi corazón.- le dije.
Podía escuchar como su pulso se agitaba conforme decía esas palabras, sin embargo no había ninguna otra reacción de su parte. Permaneció callada. -Pero que cosas tan extrañas dices, Daniel.- Me dije a mi mismo en voz alta. Ella rápidamente me corrigió, -No son extrañas, son hermosas - dijo. Sus palabras fueron una centella en medio de la tormenta que se formaba entre mi corazón y mi mente. Lentamente me levante y la mire detenidamente. Su mirada, tímida y temerosa, a expectativa de lo que yo fuera a hacer; preparada pero sin saber para que. Nuestras miradas se observaron por lo que sintió como una eternidad, o unos cuantos segundos. -¿Puedo abusar de tu amor por un momento? - le dije tranquilamente. Sus mirada creció, - ¿Abusar?- me preguntó. Respondí, -Quiero enterrar todo mi dolor en ti, y robar un poco de tu luz que lo cura todo-, ella no respondió. Sus ojos ofrecían más preguntas que respuestas.
Con todas las cartas sobre la mesa, no quedaba más que intentar. Podía sentir su miedo, pero al mismo tiempo, su lucha. Me acerque hasta el punto en que mis labios ocupaban el mismo espacio que los suyos. Fue cuando reaccionó. Sus manos trataron inútilmente de empujarme, pero su fuerza no era honesta. Del mismo modo, sus labios me recibieron con una desesperación igual o mayor a la mía. Lleve sus manos hacia el suelo, por encima de nosotros, donde las dejo quietas, como si se hubieran congelado. Con una mesurada desesperación acaricie su cabello, su cuello y sus pechos. Sus gemidos reprimidos erizaban toda mi piel. Súbitamente sus manos apretaron mi espalda y nuestras piernas se cruzaron como si fueran unidas por un vacío ineludible. Si su aroma era intoxicante, su sabor no tiene descripción.
Sus ojos expresaban pasión y determinación. Sí estaba dispuesto a robar su luz, tenia que ser digno de ella. Tan sólo si mi bestia era capaz de domar a la suya, ella estaría dispuesta a entregarme parte de su tesoro. Mi respiración se torno profunda y ronca, los músculos en mis manos, brazos y piernas, duros y tensos. La disputa fue puro protocolo, mi mirada la devoró en instantes. Convencida, finalmente rindió su cuerpo cómo tributo. Bajo el abrigo de las nubes dejamos de lado las mascaras y las reglas. Abriendo las puertas, dejo entrar todo mi dolor, mi pasión y mi furia, que navegaron todos sus espacios hasta abandonar mi mar. Su rostro luchaba por mantener la compostura pero su cuerpo no estaba preparado para recibirme. Un placentero dolor que la volvía vulnerable y toda poderosa al mismo tiempo; cerrando los dientes sonreía de todas formas.
Se convirtió en un lienzo capaz de contener todos mis colores, y me dejó pintar hasta el cansancio; hasta terminar nuevamente tendidos sobre el pasto. Con la mirada buscaba en mi respuestas, ¿Sí había hecho bien? ¿Sí había logrado darme lo que necesitaba? Al verme, lo supo. Nuestros cuerpos ya no se tocaban, sin embargo mis demonios seguían escondidos entre las sombras. En mis ojos ella podía ver reflejada la luz que me había dado, tatuada en mi corazón. Al mismo tiempo, ella sentía en si misma una fortaleza que jamás había notado. Los demonios que abrumaban a aquel hombre que ella miraba con ojos de grandeza, habían sido vencidos por la fuerza de su amor. Me abrazó, la abrasé, sin palabras.
Su luz por mi fuerza, mi coraje por su amor, nuestra pasión y nuestra paz. Un grito de ayuda desesperado y un corazón tratando de descubrir sus propios límites. Dos personas en dos momentos completamente diferentes, tratando de entenderse el uno al otro. Con el orgullo y la duda fuera de la imagen, ese día ambos dimos ese paso hacia adelante. Así fue como comenzó.
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7.23.2013
5.29.2013
Dulce
Ya entrada la noche jugábamos a la cacería como de costumbre. Su calor sobre el mío, mi cuerpo dentro del suyo, y un sudor compartido que no le pertenecía a nadie más que a nosotros. Yo le exigía que me mostrara su egoísmo, que me usara para satisfacer aquello que se tenía prohibido. Ella se negaba y al mismo tiempo se movía con más fuerza. Yo le exigía más agresivamente. Ella se negaba, mentía diciendo que no existía tal cosa mientras al mismo tiempo aumentaba el ritmo.
Mi voz era rasposa y desafiante mientras que ella no podía más que articular simples negativas entre tímidos gemidos. Furioso, estiré mi brazo y abuse su cuello, la insulte y le demande violentamente que me mostrara su egoísmo. En el instante en que terminaba de decir esas palabras súbitamente se nubló mi visión y sentí una terrible punzada en el lado izquierdo de mi rostro, el cual involuntariamente se tendió rendido hacia mi espalda. En breve recuperé la visión y alcé la mirada para encontrarla a ella, todavía encima de mi y yo todavía dentro de ella, mirando fijamente la sangre en su puño derecho a consecuencia del impacto con mi rostro.
Cruzamos miradas, en ese instante el mundo entero se congelo y dio lugar a una tormenta de pensamientos que cruzaron nuestros cuerpos que seguían unidos por sangre y sudor. Ella, petrificada. Había dejado salir una parte de si misma que toda su vida había mantenido en cuarentena. Esa parte egoísta, que siempre había sido obligada a poner la otra mejilla para satisfacer a otros, a ceder el paso y a ver por el bien común sobre el propio. Esa parte eternamente encadenada y entumida; esa parte que la aterraba. Misma que cuando por fin logró salir libero inmediatamente su hirviente ira sobre el pobre diablo que la llamaba.
Yo la miraba atónito, y duro. Una mezcla de respeto, admiración, miedo y lujuria nublaban mi juicio. Era una escena majestuosa, ver la pureza de la bestia que esta dulce mujer llevaba dentro, mucho más dentro de donde yo estaba. Jamás me había sentido tan atraído a alguien. El tiempo regreso a su ritmo, pero ninguno dijo nada. Nos miramos por lo que se sintió como horas, ella encima, yo adentro. No se disculpó; yo no me quejé. El silencio fue testigo de miles de palabras. La sangre fluía desde mi rostro por vientre y hasta ella. Su mirada muerta era una sublime exhibición de justicia, júbilo y culpa.
Se volvió evidente que seguir con el juego no tendría ningún sentido, ninguna cantidad de orgasmos podría compararse con la intensidad del crudo e imponente despliegue de su ego. Con un mi antebrazo limpie la sangre de mi frente, levante mi torso, y me acerque. La abracé gentilmente y la bese en la frente. Traté de no ensuciar con mi sangre su delicada piel, pero al parecer un par de lágrimas habían llegado antes. A su oído susurré las palabras 'te quiero'. Ella me abrazó con una fuerza que expresaba mucho más que lo que dije. Me salí. Nos recostamos, la abracé por la espalda y tratamos de dormir. Entre sus pechos encontró mi mano y la tomó con fuerza durante toda la noche. Ese día supe que jamas me iba a separar de ella. Supongo que siempre he sabido muy poco.
Mi voz era rasposa y desafiante mientras que ella no podía más que articular simples negativas entre tímidos gemidos. Furioso, estiré mi brazo y abuse su cuello, la insulte y le demande violentamente que me mostrara su egoísmo. En el instante en que terminaba de decir esas palabras súbitamente se nubló mi visión y sentí una terrible punzada en el lado izquierdo de mi rostro, el cual involuntariamente se tendió rendido hacia mi espalda. En breve recuperé la visión y alcé la mirada para encontrarla a ella, todavía encima de mi y yo todavía dentro de ella, mirando fijamente la sangre en su puño derecho a consecuencia del impacto con mi rostro.
Cruzamos miradas, en ese instante el mundo entero se congelo y dio lugar a una tormenta de pensamientos que cruzaron nuestros cuerpos que seguían unidos por sangre y sudor. Ella, petrificada. Había dejado salir una parte de si misma que toda su vida había mantenido en cuarentena. Esa parte egoísta, que siempre había sido obligada a poner la otra mejilla para satisfacer a otros, a ceder el paso y a ver por el bien común sobre el propio. Esa parte eternamente encadenada y entumida; esa parte que la aterraba. Misma que cuando por fin logró salir libero inmediatamente su hirviente ira sobre el pobre diablo que la llamaba.
Yo la miraba atónito, y duro. Una mezcla de respeto, admiración, miedo y lujuria nublaban mi juicio. Era una escena majestuosa, ver la pureza de la bestia que esta dulce mujer llevaba dentro, mucho más dentro de donde yo estaba. Jamás me había sentido tan atraído a alguien. El tiempo regreso a su ritmo, pero ninguno dijo nada. Nos miramos por lo que se sintió como horas, ella encima, yo adentro. No se disculpó; yo no me quejé. El silencio fue testigo de miles de palabras. La sangre fluía desde mi rostro por vientre y hasta ella. Su mirada muerta era una sublime exhibición de justicia, júbilo y culpa.
Se volvió evidente que seguir con el juego no tendría ningún sentido, ninguna cantidad de orgasmos podría compararse con la intensidad del crudo e imponente despliegue de su ego. Con un mi antebrazo limpie la sangre de mi frente, levante mi torso, y me acerque. La abracé gentilmente y la bese en la frente. Traté de no ensuciar con mi sangre su delicada piel, pero al parecer un par de lágrimas habían llegado antes. A su oído susurré las palabras 'te quiero'. Ella me abrazó con una fuerza que expresaba mucho más que lo que dije. Me salí. Nos recostamos, la abracé por la espalda y tratamos de dormir. Entre sus pechos encontró mi mano y la tomó con fuerza durante toda la noche. Ese día supe que jamas me iba a separar de ella. Supongo que siempre he sabido muy poco.
5.15.2013
Curandero
Apareció de nuevo en mi puerta. Con esa falsa mirada segura y dominante. Disfrazando la verdadera razón de su visita con casualidad y prisa. Fingió estar molesta, pero consciente y en control de la situación. Los dos sabíamos que no era así. Trató fútilmente de coercerme a su voluntad, de obtener de mí apoyo y aprecio. Yo sólo le tengo lástima. No importa las palabras que use, o las prendas que se quite, puedo ver en sus ojos como huye de los demonios que la persiguen. Puedo sentir su deseo de encarnar su pelea con ellos a través de mi cuerpo; de ser ofrenda para satisfacerles.
No le pido su sexo, pero me lo da. No me ofrece nada, pero lo tomo todo. Cumplo su capricho y por momentos me convierto en los demonios que la persiguen, y la castigo. El abuso le genera una placentera sensación de progreso, de sanación. Yo me esfuerzo por sanarla, y por no enfermar al mismo tiempo. La humillación se convierte en romance, el abuso en plegaría y la violencia en paz. Es la única razón por la que la ayudo. Al terminar, sus ojos blancos nadan en silencio mientras que yo lidio con todo el mal que acaba de ocurrir. La he curado por todas partes. Absorto, no noto el momento en el que se marcha sin decir adiós. Se que volverá. Se que la volveré a ayudar. Todavía le queda mucho por sanar.
No le pido su sexo, pero me lo da. No me ofrece nada, pero lo tomo todo. Cumplo su capricho y por momentos me convierto en los demonios que la persiguen, y la castigo. El abuso le genera una placentera sensación de progreso, de sanación. Yo me esfuerzo por sanarla, y por no enfermar al mismo tiempo. La humillación se convierte en romance, el abuso en plegaría y la violencia en paz. Es la única razón por la que la ayudo. Al terminar, sus ojos blancos nadan en silencio mientras que yo lidio con todo el mal que acaba de ocurrir. La he curado por todas partes. Absorto, no noto el momento en el que se marcha sin decir adiós. Se que volverá. Se que la volveré a ayudar. Todavía le queda mucho por sanar.
5.07.2013
La Bestia
No trates de detener lo indetenible, cada uno de tus pasos te han llevado a este momento. La mezcla de tus miedos y dudas, te han traído hacia mi. Tus ojos me dicen que estas lista. Pero esto no es algo para lo que puedas prepararte. A mi apetito no le basta con matarte.
Voy a descargar toda mi ira en ti. Tu piel desnuda, tu cálido cuerpo, tus finos labios negros y los risos de tu cabello. Voy a enterrar todo mi dolor en ti; mi contraparte inmaculada. Voy a violentar tu cuerpo y tu alma. Voy a perturbar todos tus espacios, voy a profanar tu aliento y tu risa. Voy a tomar cada parte de tu cuerpo y corromperla con mi vida.
Tu me miraras hacerte esto, y en silencio sonreirás y lo aceptaras todo. Voy a sofocar tu cuello, voy a deshonrar tu espalda, voy a corroer tus labios. Te beberé entera, y me asegurare de que hagas lo mismo. Al final de esto, no te sentirás propia, ni limpia.
Pero lo harás con gusto, porque la cuna de tu cuerpo es lo único que puede sanar a la bestia que me consume. Y la bestia que me consume, es lo único que te permite saciar a la bestia que llevas dentro.
Voy a descargar toda mi ira en ti. Tu piel desnuda, tu cálido cuerpo, tus finos labios negros y los risos de tu cabello. Voy a enterrar todo mi dolor en ti; mi contraparte inmaculada. Voy a violentar tu cuerpo y tu alma. Voy a perturbar todos tus espacios, voy a profanar tu aliento y tu risa. Voy a tomar cada parte de tu cuerpo y corromperla con mi vida.
Tu me miraras hacerte esto, y en silencio sonreirás y lo aceptaras todo. Voy a sofocar tu cuello, voy a deshonrar tu espalda, voy a corroer tus labios. Te beberé entera, y me asegurare de que hagas lo mismo. Al final de esto, no te sentirás propia, ni limpia.
Pero lo harás con gusto, porque la cuna de tu cuerpo es lo único que puede sanar a la bestia que me consume. Y la bestia que me consume, es lo único que te permite saciar a la bestia que llevas dentro.
2.16.2013
Héroe
Le has mentido a tus padres, a tus amigos y hermanos.
Les has mentido a ellas, y a sus niños.
Engañaste a tus benefactores, y a aquellos que te han lastimado.
Engañaste a quien te ha amado y olvidado.
Con las letras manipulas y con el silencio presionas.
Estas lleno de verdades a medias y circunstanciales.
Vives de las excepciones, condiciones, azar y buena voluntad de otros.
Con tu falsa sonrisa adquieres confianza para después usarla.
Mientes a quien te ha perdonado; mientes al espejo y a la noche.
Mientes, mientes, mientes.
Usando la máscara de un sueño y libertad, de una meta, un ideal.
Con un antifaz de honestidad y sinceridad.
Tergiversas tus memorias y alteras tus recuerdos.
Le mientes al presente con un pasado falso, y al futuro con fantasías y fábulas.
Les mientes con el whisky y con el humo; con tu arte y tu melancolía.
Incluso mientes con la verdad.
Después de haber distorsionado todo, de haberle mentido a todos, sólo te queda una salida.
Después de haber abusado de todos, incluso de ti mismo, sólo tienes un camino.
Cree en la fuerza de tus mentiras.
Sigue mintiendo hasta que vuelvas tus mentiras realidad.
Les has mentido a ellas, y a sus niños.
Engañaste a tus benefactores, y a aquellos que te han lastimado.
Engañaste a quien te ha amado y olvidado.
Con las letras manipulas y con el silencio presionas.
Estas lleno de verdades a medias y circunstanciales.
Vives de las excepciones, condiciones, azar y buena voluntad de otros.
Con tu falsa sonrisa adquieres confianza para después usarla.
Mientes a quien te ha perdonado; mientes al espejo y a la noche.
Mientes, mientes, mientes.
Usando la máscara de un sueño y libertad, de una meta, un ideal.
Con un antifaz de honestidad y sinceridad.
Tergiversas tus memorias y alteras tus recuerdos.
Le mientes al presente con un pasado falso, y al futuro con fantasías y fábulas.
Les mientes con el whisky y con el humo; con tu arte y tu melancolía.
Incluso mientes con la verdad.
Después de haber distorsionado todo, de haberle mentido a todos, sólo te queda una salida.
Después de haber abusado de todos, incluso de ti mismo, sólo tienes un camino.
Cree en la fuerza de tus mentiras.
Sigue mintiendo hasta que vuelvas tus mentiras realidad.
8.08.2012
Lazos
"Tu todavía para mi no eres más que un niño, igual a otros cien mil niños. Y no te necesito. Tu tampoco me necesitas. Para ti, yo soy un zorro semejante a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, nos necesitaremos mutuamente. Serás para mi único en el mundo y yo seré para ti único en el mundo.
Al principio, te sentarás un poco lejos de mí, así, de esta manera, sobre la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Uno es para siempre responsable de lo que domestica."
Al principio, te sentarás un poco lejos de mí, así, de esta manera, sobre la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Uno es para siempre responsable de lo que domestica."
8.06.2012
Allo~eh
La piel enardecida, ha perdido toda su calma. Las grietas en su superficie han secado al músculo y llegado hasta los huesos. De entre sus poros fluye un vapor ardiente, enfermo; entre sus venas corre una sangre seca, marchita. Aspera como ninguna otra, esta piel es más polvo que carne. A pesar de esto, no le queda más remedio que soportar el caminar de su destino errante. La luz del sol la penetra violentamente, ya poco puede hacer para proteger los huesos. En su lastimoso intento, lo único que logra es sangrar más y mitigar el dolor.
El caminante no se detiene. Al tener cualquier contacto con otra piel, tan sólo logra deshacerse y caer a pedazos; sólo acelera su destino. Y es que hace mucho tiempo esta piel ha aceptado la voluntad del caminante, nada puede detenerle. La luz de la luna sirve de poco consuelo para esta piel, que arde con un intenso tono carmesí incluso desde la oscuridad de la noche.
Durante un tropiezo en su camino, esta piel se encontró con una planta, sencilla, suculenta y acogedora, quien tiernamente le ofreció el néctar de una de sus ramas. Este lentamente le cubrió, cuidadosamente cerrando sus grietas, deteniendo la hemorragia, enfriando el terrible ardor, compartiendo su aliento con la piel que hace tanto tiempo no había podido respirar. Y por primera vez, en demasiadas lunas, la piel por fin volvió a sentir verdadera paz.
4.25.2010
Par de dos
Mis ojos pueden verlo todo el tiempo, el ineludible par de dos. Efímero, elusivo, y al mismo tiempo, omnipresente, absoluto. Par de dos, desde arriba, por abajo, sobre la luz, entre las sombras, en la penumbra, bajo la umbra, siempre presente, nunca eterno, par de dos.
4.20.2009
Denial
I can see it crumbling, I can sense it falling, I can hear it failing. Something's wrong, like sour water, like eating glass, like a wandering lamb on a sea of sand. Senses are missing, corrupted feelings, clashing thoughts, corroding everything inside, rotting everything outside, unnerving, relentless, unstoppable. Like a thousand needles colliding with my every nerve, like melting fire harvesting my every thought. My chest hurts, like a numb limb, like a restless parasite, feeding away all there is in me, slowly slaying all there is to it, viciously killing itself, graciously killing me.
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