Puedo sentirlo, ha vuelto. Durante muchas noches esperaba que volviera a mi, pero al amanecer ni si quiera era capaz de recordar que le extrañaba. Durante el día, muy de vez en cuando, me preguntaba a donde se había ido. Me imagino que esta es la forma en la que suceden estas cosas.
El evento empieza lentamente, con una sutil cadencia que ilumina tanto como enloquece, la velocidad aumenta lentamente. Segundo a segundo la frecuencia se hace más corta, la cresta se hace cada vez más alta. Noches enteras pueden desaparecer entre cada parpadeo, la vista se vuelve ciega y el cosquilleo en la piel se convierte en nuestra única manera de percibir al mundo. Inmediatamente después, llega la sombra, una linea obscura y recta, que lo entumece todo.
El tiempo se congela, el cuerpo se entumece, los colores se desvanecen entre el blanco y negro. El espíritu, rendido y subyugado, baja la mirada hasta el punto de desaparecer. Esta calma lo congela todo. La linea se mantiene viva tan solo por su inercia, inclinada hacia el punto de fuga que la tormenta dejo. Pasan los días y las noches, y la linea simplemente sigue su fútil camino, hasta que sucede nuevamente.
Un parpadeo, un leve y casi indetectable pulso, agita nuevamente el camino de la linea. Aparece y desaparece en un instante, sutilmente jugando con la vida de la linea, tentándola lentamente. En un respiro el casi imperceptible pulso se convierte en curva, la cresta se vuelve tan profunda como alta; la linea empieza a recordar el sentimiento que había olvidado.
Se ha puesto en marcha nuevamente, pasando el punto donde la emoción es tan fuerte que ya nada puede detenerle. Una nueva aventura tienta a la linea, un nuevo sueño persigue sus noches. Los colores brillan con una intensidad tan fantástica, que siente que de nuevo su vista puede verlo todo, con absoluta claridad. El espíritu es bombardeado con sueños, miedos y recuerdos, el corazón palpita al ritmo de su ímpetu. Puedo sentirlo, ha despertado.
El camino que parecía haber terminado de nuevo abre sus puertas para recorrerle. La meta que había alcanzado se desvanece, y en su lugar aparece otra, diferente a todas las demás que antes había deseado. A diferencia de las otras, esta es por definición inalcanzable, ya que esta meta es un camino, no un lugar. Un camino donde la velocidad y el destino son irrelevantes; donde lo verdaderamente importante es ser libre dar cada paso con coraje y con pasión.