Why are you here? Who let you in? Where do you come from and what do you want? How come you know so much about all these many different things I have yet to experience myself? Why do you hide? And where do you go when you do? How do you learn? Who do you talk to? Who taught you all this? Why do you test me? What do you want from me? How come every time you speak to me you are always right? How can you tell so clearly when I am trying to lie to myself? Why do you point it out? What is your purpose? Why do you haunt me? Why do you insist on telling me all these things I know I should care about but try so hard to forget? Why do you always tell me all these things just to walk away and leave me here alone...
5.23.2011
Demons, my.
I will hunt each one of them, relentlessly I will look them up.
I will travel any distance, without any hesitation, I will go wherever they may be.
No matter where they hide, I shall meet them; I will come.
I will over overcome my fears, no amount of pain will slow me down.
I will face them head on, I will not yield back.
No matter how dark, I shall not lose my sight; I will see.
I will defeat each one of them, even if I fall, I must go on standing.
I will rise again, again and again, I will prevail.
No matter how long it takes, I shall not give up; I will conquer.
5.17.2011
Ciervo Vulnerado
Alguna vez fui un ser que vivía libre; de recuerdos y pesadillas, de lamentos y fantasías. Como un ciervo que era libre de correr en las praderas y dormir entre los bosques, nada podía detenerme. Me cuesta tanto trabajo recordar como se sentía esa libertad.
Es entonces cuando sucedió el primer encuentro con el hombre, quien trajo consigo su inmensa capacidad para causar dolor. En un principio, el hombre fue bueno conmigo, me trato con cariño y con respeto, con una calidez imposible de replicar. Con forme paso el tiempo, aquel hombre se convirtió en todo para mi. Cuidaba de mi, me protegía, me alimentaba, me proveía una seguridad y paz que nadie más me podía brindar. Era maravilloso. Sin embargo una noche como cualquier otra, en el momento de ir a dormir el hombre cerro sus ojos, y nunca más los volvió a abrir. Durante decenas de lunas espere a su lado, inmóvil, deseando con todo mi corazón que aquel hombre abriera los ojos y me hablara nuevamente; con todas mis fuerzas, yo espere, pero el hombre no despertó. ¿Porqué no me hacia caso? ¿Porqué no se movia? ¿Qué le hice yo para que me ignorara de tal forma? No podía entenderlo.
Débil, descompuesto y destruido, nunca creí poder a caminar sin el apoyo de aquel hombre que me enseño tanto. Desecho y marchito, me resigne a cerrar los ojos y a su lado permanecer, para siempre. Y fue hasta ese momento en que pude verlo, pude ver todo lo que el hombre me enseño, todo lo que el disfrutaba de la vida, todos sus sueños y fantasías, todo su valor y fuerza, su sonrisa, su calor. Y a través de esos recuerdos pude sentir su presencia, pude sentir como me ayudo a mirar al cielo y ponerme de pie. A pesar de estar en ese estado tan miserable, la verdad es que nunca había sido tan fuerte, mi determinación por disfrutar las cosas que él ya no podía disfrutar, por alcanzar los sueños que él ya no pudo alcanzar, por cumplir las promesas que él ya no pudo cumplir, me llenaron de energia, nada podía detenerme. A pesar de haberse ido para siempre, la sonrisa de aquel hombre permaneció dentro de mi.
Con renovados brios decidí explorar el mundo, corrí como nunca antes, más lejos y más rápido que ningún otro ciervo en toda la pradera. El mundo era mío para descubrir, mío y solo mío. O al menos así fue hasta el día en que lo conocí, otro ciervo, al igual que yo corriendo desesperadamente tratando de descubrir y entender al mundo. El mundo ya no era solo mío, había encontrado un amigo con quien compartirlo y explorarlo. Fueron los mejores momentos, aprendí tanto; al parecer hay miles de razones por las cuales el mundo puede ser un lugar hostil, aburrido, maravilloso o simple para ciervos como nosotros. Luchamos, ganamos y perdimos, cientos de veces, juntos. Para un ciervo como yo, que siempre camino solo, ese tipo de lazo y de amistad era algo completamente diferente, por primera vez no era el único ciervo al cual este mundo a veces carecía de cualquier sentido; no era el único tratando de cambiarlo.
Irónicamente fue esta búsqueda por cambiar el mundo, lo que nos llevo hacia un acantilado, que solo uno de nosotros pudo saltar, y el otro, decidió desvanecerse en las sombras de su abismo. Grite y grite durante muchos soles, y solo podía escuchar mi eco en la respuesta, mi amigo, había desaparecido. De nuevo estaba solo, y mi ímpetu del que tanto presumía, se había ido. En lugar de eso estaba repleto de culpa y melancolía, ¿Porqué no lo pude ayudar a saltar? ¿Porqué lo deje caer? ¿Porqué no hice algo más? No podía entender por qué no salto, demonios. Mi culpa fue tan grande, que perdí mis cuernos, y desde ese momento deambulé solo por el mundo, vulnerablemente solo. Para como es mi suerte, mi caminar entre las sombras me llevo de nuevo a ese acantilado, ahora solo. Lo mire fijamente, perdí por completo la noción del tiempo, y entonces, lo entendí. Entendí por que el no decidió saltar, entendí por que el abismo era justo lo que el estaba buscando, y pude sentir el dolor de su corazón cuando me vio saltar, y el decidió hacer lo opuesto, sabiendo las consecuencias de hacer lo que sea que tengas que hacer para perseguir tus sueños. Nuestros caminos, habían llegado a su fin, pero no sin un legado. Un maravilloso e increíble legado de recuerdos y aventuras, las mejores del mundo. El mundo era nuevamente mío para recorrerlo. A pesar de haber desaparecido, lo que aprendí de mi amigo ciervo de volvió parte de mi.
Entonces fue cuando la conocí a ella. Otra ciervo, las más hermosa de todas, la más autentica. A diferencia de todas las demás, ella no juzgo mi falta de cuernos, y me acepto tal y como era. Fue tan increíble, a diferencia de aquel hombre o aquel ciervo, ella se abrió por completo, y nos convertimos en uno de mente y cuerpo. Pasamos más de una eternidad juntos, y lo conocimos todo. Nuevos cuernos me hicieron más fuerte, su apoyo incondicional me hizo invencible. Nada en el mundo podía detenernos. Reto tras reto, aventura tras aventura, éramos invencibles, todos los demás ciervos no podían creer que algo como lo nuestro pudiera existir, era inaudito. Hasta que un día, llego el reto más grande que alguna vez tuvimos que enfrentar. Una tormenta tan abrumadora, tan violenta y obscura, que hacia temblar y huir a todos los demás ciervos. Ella y yo permanecimos inmóviles, encarándola de frente, juntos. Cuando llego a nosotros utilice toda la fuerza de mi ser para resistirla, cada músculo, cada nervio de mi ser, mi sangre corría mas rápido que la lluvia, mi coraje era tal que desafiaba a aquel de la tormenta. Pero no fue suficiente, solo no pude resistirla, entonces voltee la mirada y busque su ayuda, sólo para descubrir que ella había ya no estaba ahí; ella había huido. En ese instante mi corazón se rompió en miles de pedazos, aquel ser con quien compartí mi vida entera, con quien me había vuelto uno, a quien le había entregado para siempre mi ser, había sido consumida por el miedo y por la duda; me traiciono, nos traiciono, y me dejo a la mitad de la tormenta, solo. En ese segundo cada partícula de mi perdió su fuerza y mi voluntad ya no era nada más que un par de lagrimas secas en medio de tanta lluvia. La tormenta me consumió por completo; no opuse resistencia, la tormenta tomo mi vida.
O al menos eso pensé. No se cuanto tiempo permanecí inconsciente e inmóvil entre los escombros de la tormenta, no se porque no morí. Cuando recobre la conciencia, lo único en lo que podía pensar era en ese instante donde ella ya no estaba ahí, no importaba si cerraba los ojos o no, si estaba despierto o no, no podía pensar en nada más. Y esta vez, decidí resignarme a morir. Tampoco recuerdo cuanto tiempo permanecí en aquel lugar, inmóvil, sin agua ni alimentos, sólo con un poco de aire de vez en cuando, pero por alguna razón, no morí. Entonces recordé la voluntad del hombre, y la curiosidad del ciervo, y de lo más profundo de mi ser obtuve fuerzas para intentar ponerme de pie. Con un par de tobillos rotos, un cuerpo cubierto en sangre, unos cuernos destrozados y expuestos, una mirada entre roja y gris cubierta por las lagrimas y sangre que surgían desde lo más profundo de mi corazón; como ciervo vulnerado que se alimenta de sus recuerdos, sus promesas, sus sueños y su dolor, nuevamente decidí tratar de caminar. Pero no lo logre, aquel cuerpo ya no daba más y caí. Me levante de nuevo, lo intente otra vez, con un majestuoso despliegue de coraje y valor, entre los gritos de inmenso dolor que cada intento infligía sobre mi, se podía observar la fuerza de aquel hombre por disfrutar la vida, y en cada profundo respiro que tomaba antes de intentar de nuevo, se podía sentir la voluntad y curiosidad del otro ciervo, dispuesto a todo con tal de conocer el mundo y alcanzar sus sueños. No podía darme por vencido. Cada paso más doloroso que el anterior, cada uno descosiendo un poco más mi vulnerado cuerpo, cada uno dándome el coraje necesario para dar el siguiente, a duras penas podía mantenerme en pie, ni se diga caminar, y aun así, en ese momento, nada podía detenerme, ninguna herida o dolor, mi voluntad era inquebrantable. Me levante, y como pude, camine de nuevo.
Lentamente, algunas de aquellas heridas han sanado, y como ciervo vulnerado, aún camino y descubro al mundo. Sin embargo, cargo conmigo una herida de muerte, que no sanó, y no sanará. Una herida de muerte que me consume lentamente, no para de sangrar. En estos días, lenta y pasivamente recorro el mundo, aquellos días donde corría con libertad no son más que espejismos que mi memoria insiste estuvieron ahí. Como ciervo vulnerado, herido de muerte, en cada respiro me esfuerzo por disfrutar la vida que me queda, un paso a la vez, una promesa a la vez, en espera del momento en que la paz venga por mi, y por fin pueda reunirme con el hombre, el ciervo y con ella, y nuevamente pueda compartir con todos ellos el infinito cariño y amor que todavía siento por ellos, y solamente así, mi herida por fin pueda sanar.
5.02.2011
Happy End
"Happy"is a funny word. In fact, happiness by itself is an interesting thing. Everybody wishes for it; everybody longs for it. Yet we want it for free, and we want it here and now; permanently.
The truth in happiness lies in giving, not receiving. The joy in giving lies in caring, not in demanding care. The virtue in caring lies within the fact that the people around you won't be there forever; that you have to make every single smile count.
But how can you truly smile to others when you can't even smile to yourself? How can you be truly happy when you don't truly accept yourself? Why would you want to be yourself in this world where being like all the others is rewarded and being authentic is judged upon?
You see, the funny thing is that true happiness lies in the authenticity of our feelings, in being absolutely the best person each one of us can be, caring deeply about ourselves, and in understanding and accepting everyone else the way they truly are.
True happiness is scary because it will inevitably be accompanied by sadness, fear, perhaps even regret. But it will also bring with it hope, joy and lots and lots of smiles. True happiness is not a moment, neither a thing, a place or a person, but a way of life. A way of life only those who truly want to be happy might embrace.
Everybody, let's try put and end to this numb sense of happiness; everybody, let's try to live our lives to their fullest until we reach a happy end.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)