1.31.2012

Tabú


Las cosas no siempre son como uno quiere. Lo que uno quiere no siempre es lo que en realidad uno cree que quiere. Vivimos estas vidas llenas de ideas que nos han sido impuestas si darnos cuenta; deshacerlas es casi imposible. Regresar al estado original, de autenticidad hacia con nosotros mismos, es tan prohibido como difícil. El mundo no necesita seres humanos, auténticos y pensantes, el mundo necesito siervos; fieles seguidores y creyentes, del sistema, del modelo, de la historia, para mantenerse en vivo en su presente forma y estado. ¿Qué es lo que uno quiere? ¿Qué es lo que realmente uno quiere? ¿No lo sabes? Nadie sabe, todo mundo cree que sabe, pero no es así. Para saber que quieres primero es necesario cuestionarse a uno mismo, y por consecuencia, cuestionar al mundo. El tabú es el único camino hacia la libertad. 

Entre silencios y palabras


De vez en cuando recuerdo cuando era niño y como mi abuelo me explicaba como es que en esta vida todos tenemos un numero finito de palabras para intercambiar con cada persona que conocemos. El decía que era muy curioso porque uno no puede saber con anticipación cuantas palabras serán, y mucho menos para que persona. Lo único que sabes es que desde nacemos traemos con nosotros un numero fijo de palabras que les regalaremos a cada persona que encontremos a lo largo de nuestro camino. A mi todo este tema me parecía muy interesante, sobre todo por que el podía contarme a detalle historias de como se le acabaron las palabras con tantas personas a lo largo de su vida, por tantas diferentes razones, y de como fue que el vivió toda su vida consciente de esto,  a gran medida logrando tener una vida libre de arrepentimientos. 

El decía que la virtud se encuentra en hacer el esfuerzo constante por decir las palabras correctas con la gente correcta, mientras aún te queden palabras para ellos. Para ser sincero,  su perspectiva al principio me parecía ridícula ¿A final de cuentas, como puedes saber cuantas palabras te quedan para intercambiar con otra persona? Creo que yo era muy joven para entender la gran sabiduría de mi abuelo, y la gran lección de vida que me estaba enseñando. La verdad es que no puede ser nada menos que irónico el hecho de que esas fueron las últimas palabras que compartió conmigo. Vaya manera de hacerme entender la lección! En su infinita sabiduría, siempre supo elegir las palabras correctas para compartir con la gente que quiso. 

La vida entera se nos va entre silencios y palabras. Hay personas que solo están destinadas a cruzar nuestro camino brevemente, con cuyas tenemos un numero reducido de palabras para compartir. Hay otras personas con quienes tenemos un aparente sin fin de palabras por compartir.  Pero en esta vida todo tiene fin, y aveces es a causa de que la vida misma se nos acaba que se nos terminan las palabras, mientras que otras veces aún en vida los caminos se separan y no se reúnen nunca más. No hay manera en que podamos saber con anticipación cuantas palabras podremos compartir con las personas a nuestro alrededor, sin embargo siempre podemos hacer el esfuerzo de que, mientras podamos, compartamos las palabras que realmente queremos decir. 

Cada día, cada mañana, cada saludo y despedida, cada una de ellas puede ser la última palabra que compartas con es persona. Yo no se cuantas palabras queden entre nosotros, estimado lector, pero lo que si se, es que al igual que mi abuelo, le dedico estas palabras, y espero que al igual que yo, las comparta con quienes crucen su camino, de corazón. Nunca hay que olvidar que solo es cuestión de tiempo antes de que todas las palabras entre nosotros, entre ustedes, incluso con uno mismo, un día terminen; si uno aún tiene algo que decir, si aún puede decir algo, dígalo, no permita que el silencio le robe sus palabras.

1.10.2012

El origen


Finalmente, después de una larga y extenuante búsqueda encontré mi limite en la cima del mundo, y la verdad es que encontrarlo en realidad no significo nada, no valió nada. Los años siguen su curso y la verdad es que aun no tengo claro mi destino, mi búsqueda, ni mi respuesta. La verdad es, que nada de eso en realidad importa, ni existe. 

Destino, búsqueda, respuesta, son tan solo distracciones impuestas por el mundo tan solo para alejarnos de lo que es realmente importante.  La verdad es que no he encontrado algo que sea realmente importante. Tal vez tuve que obtenerlo todo primero, para poder entender lo que realmente significan, y valen, las cosas. 

El destino final tan solo es un regreso al inicio, la pregunta y la respuesta siempre estarán presentes, cambiantes. El camino, cualquiera que sea, cualquiera de los cientos de millares de caminos que se nos presentan, también es irrelevante. Nuestra voluntad, nuestros deseos y metas, no son nada más que elaboradas alegorías de historias de alguien más. 

Control, la mayor (des)ilusión de todas, en realidad no controlamos nada. Planes, nada más que escondites para las acciones que no queremos tomar. Acciones que no queremos tomar, en realidad no es más que miedo a enfrentarnos y conocernos a nosotros mismos. Conocernos a nosotros mismos, el regreso al origen. 

El camino reside únicamente en el presente, y la dicha, se encuentra todo el tiempo, en todos lados, en lo simple y lo divino de la vida que nos rodea, y que con nuestro ocupado estilo de vida no somos capaces de ver. Una sonrisa, un atardecer, una buena taza de té. Despertar en la mañana, saborear la comida, mirar a alguien fijamente a los ojos, regresar a la cama y relajar cada célula del cuerpo. 

La gente que pasa posponiendo la felicidad para cuando el tiempo avance, para cuando obtenga algo, no hace nada más que vivir en negación de la felicidad que nos rodea ahora mismo. Gente que vive recluida en un pasado, lleno de hermosos y invaluables recuerdos,  no permite que el presente le brinde la felicidad que trae consigo. 

La felicidad la traemos con nosotros mismos desde el momento en que nacemos, y poco a poco vamos reemplazandola por felicidad que obtenemos de otras personas, cosas y tiempos. Tristemente perdemos la capacidad innata de ser feliz, y pasamos una vida entera buscandola de vuelta; pasamos la vida entera buscandonos; buscando el regreso al origen.

Ellos



Creo que por fin entiendo por que el futuro es tan importante, es simplemente por que les pertenece a ellos, no a nosotros. Ellos lo representan todo. A través de ellos nuestras historias permanecerán vivas, aun después de nuestra partida. 

En un ciclo que se repitiera mientras haya vida, uno no sabe el verdadero significado de su persona hasta cuando logra verlo a través de los ojos llenos de un futuro incierto y prometedor. Serán capaces de hacerlo todo, alcanzar cualquier meta que su corazón desee, el futuro es para ellos por conquistar. 

En estos momentos lo mejor, lo único, que podemos hacer por ellos es apoyarlos, ayudarlos a alcanzar la velocidad que su espíritu necesite. Nada que podamos hacer por nosotros mismos podrá tener jamas el mismo valor o significado de lo que podamos hacer por ellos. Uno ya hizo lo que quiso, cuando quiso, con el apoyo de aquellos que nos empujaron hacia el mundo, lo único que podemos hacer es desear lo mismo. 

Agradezco todo lo que he vivido, en plena libertad de ser quien quise ser. Ahora, no solo es mi responsabilidad y mi deber, si no mi voluntad, el tomar todo lo que me dieron, y ahora en turno, entregarlo a el.

Fuego


El fuego que alguna vez ardió como ningún otro, ahora no es más que una sombra de lo que fue. Debo admitir que lo he intentado todo para mantenerlo vivo, para regresarle aquella intensidad que era capaz de calentarlo todo. Lamentablemente, en mi fútil guerrilla no solo he desgarrado mi alma, si no que también he distorsionado al fuego, lo he contaminado. La verdad es simple, y cruel, pero es que una vez que un fuego decide dejar de arder no hay sentimiento humano que pueda redimirlo; detenerlo. Puede ser que haya tardado demasiado en aceptarlo, pero es que dejarlo morir, sabiendo la intensidad con la puede brillar me rompe el alma, me llena de una profunda y azul tristeza que me corrompe y me destruye, no la puedo tolerar.

Es la voluntad del fuego, sin embargo, dejarse morir; matarse lentamente. Las razones para esto podrían ser muchas, aunque dudo que alguna siquiera tenga algo de importancia. Para alguien como yo, que lo ha visto crecer, brillar, sorprender, esta ahora triste llama no puede ser. Para alguien en mi posición, que lo ha intentado todo para sanarlo, en estos momentos la misericordia es mi única, y última, opción. Con el corazón al cuello, un alma ahogada en profunda melancolía y un rostro frío e indiferente,  finalmente lo dejare morir. 

No más palabras al fuego, para lo único que sirven es para mantenerlo vivo. No más viento ni brisa, tan solo sirven para fútilmente reanimar algo que quiere morir. Tampoco habré de hecharle tierra o agua, muerte natural es la única salida, de otra manera aun muerto regresara a perseguirme, a lamentarme, en mis sueños y en mis memorias. Yo no seré su salvador, ni su ejecutor, su voluntad será respetada y por su propia mano habrá de morir, cuando y como lo desee. 

Al aceptar la voluntad del fuego, seré libre de aceptar la mía, que a pesar de todo aun desea vivir, y brillar. Por demasiado tiempo negue mi propia voluntad por la voluntad de mantenerlo vivo, de salvarle. Al dejarlo seguir su camino, retomare el mío, y sin importar cual sea su destino, yo siempre llevare conmigo todos aquellos hermosos recuerdos que ella y yo alguna vez compartimos.