5.27.2012

Calor

El calor hace de esta una situación agradable, aunque al parecer al resto de las personas les resulta incomodo. A mi me recuerda mejores tiempos,  de otros lugares que ahora parecen distantes y ajenos. El sutil movimiento de aceleración, la resistencia al detenerse, la cadencia determinada por la velocidad y el ritmo, lentamente adormece, hipnotiza. Ella esta sentada a mi contra esquina, y ella al igual que yo, experimenta la situación a su manera. La plática comenzó casual, un poco de paisajes, otro tanto de vinos y sueños. Como viejos veteranos, ambos jugamos nuestras cartas con cautela,  el que más arriesga más avanza, pero ninguno lleva prisa. La situación es más como un vaivén en el que dependiendo del ritmo y la velocidad, cada uno avanza, y luego retrocede. Es un viejo juego, a estas alturas, un tanto predecible. Inesperadamente, en un turno como cualquiera, ella baja la guardia; expone más de lo que debe. Mi intuición me dice que fue premeditado, no parece ser la persona que haría algo así por accidente. Aun así, yo decido bajarle la intensidad al juego, y quemo uno de mis comodines, necesito ganar tiempo para revaluar la situación. Ella pierde por completo el interés. Mi curiosidad se incremente desmesuradamente, sin pensarlo respondo con un movimiento similar al suyo, y expongo más de lo que debo. En ese instante, por menos de un segundo, súbitamente recuerdo como era este juego antes de que "aprendiera a jugarlo", antes de las reglas y el protocolo, antes de de que el juego fuera un juego. Aquellos tiempos predecesores de las cicatrices y las heridas, antes de las expectativas y los miedos, antes de los juicios y los modelos. Un sin fin de memorias invaden mis pensamientos, dejando consigo un sentimiento cálido y puro que no había sentido en mucho, demasiado, tiempo. Regreso al presente, al momento. Espero con ansias pero con discreción su respuesta. Una sonrisa lentamente se forma en su rostro, para el resto pudo haber tomado un segundo, pero yo fui capaz ver cada instante como una serie de eternas fotografías. Fue una ingenua, simple y cálida sonrisa la que uso para responderme.  Me causa una serie de sentimientos, que junto con los recuerdos del pasado, conforman un circulo, un todo, que embona y existe. Me transportan a otro momento y lugar donde puedo verlo todo, donde puedo ver lo que deje de ver y sentir lo que olvide como sentir. A mi alrededor la velocidad decrementa, pero yo estoy muy lejos del momento para notarlo. Parpadeo, y ella ya no esta. En su lugar hay un espacio vacío, pero en el mío, permanece un hombre con el calor de dos.

Maquinaria

Dentro de la maquinaria uno pierde el sentido de la vida, es un proceso que lentamente desensibiliza y entume. Joel, un joven artista, es un triste ejemplo de un hombre vuelto máquina.  A simple vista pareciera tenerlo todo,  una vida, una casa, un trabajo, una pareja, una familia. En cada faceta de su vida distintas personalidades de Joel trabajan como engranes para producir lo que en conjunto es un complejo, y normal, ser humano maquinado.  Conforme pasan los años, cada personalidad, cada engrane, se refina y se ajusta mejor a los demás, la maquinaria se vuelve fina y estable. Joel ha dejado atrás aquella época donde era capaz de agregar o moldear más engranes, y ahora simplemente vive en la rutina de cambiar de roles dependiendo de las circunstancias. 

Su arte, alguna vez intenso y apasionado, ahora es estructurado y refinado. Sus emociones son medidas y premeditadas, las situaciones predecibles y los resultados los esperados. Claro, de vez en cuando, en soledad o en colectivo, actúa con más intensidad de lo normal,  parte fundamental de un buen engrane, pero eso es tan sólo la manera de seguir el protocolo y funcionar. Pobre Joel, en algún momento, sin darse cuenta, decidió cambiar vivir por funcionar, y ahora no entiende que le paso, a el, a ellos, a todos, al mundo. 

Funciona con su pareja, hace y dice lo que debe, es cariñoso y responsable. Funciona con la familia, y es particularmente eficiente en el trabajo. Todo va, y va bien. Sin embargo, de vez en cuando,  en aquella rara ocasión donde por algún error la maquinaria falla y el alma de Joel puede dar un respiro, es invadido por un vacío de duda, de auxilio. En ese breve instante el alma de Joel grita desesperadamente, grita desde el fondo y exhala cada poro de su cuerpo, lo estremece. Es un intento casi fútil de recordarle que, afuera de la máquina, hay toda una vida que lo esta esperando; que le ofrece nuevas piezas, retos, milagros y sueños. 

Durante ese breve instante, Joel puede sentir lo que no ha sentido en tanto tiempo, lo que alguna vez lo hizo grande, lo que juro que nunca jamás iba a dejar de sentir. Por un segundo, aveces menos, Joel deja de ser una máquina y se siente, como si fuera su primera vez,  como un ser humano. La maquinaria se reinicia, retoma el control de Joel, y lentamente le hace olvidar lo que acaba de sentir. A diferencia de la transición de humano a máquina que ocurre de manera oculta, iterativa y accidental, la metamorfosis de máquina a humano sólo puede tener lugar a traves de la conciencia del espíritu y del valor de la piel. Para volver a ser humano, Joel necesita desear volver a nacer.