Bajo la misma línea, parece que he llegado a la conclusión de que no venimos a este mundo a ser felices, si no, a experimentar en plenitud la amplia gama de emociones humanas; a descubrirnos y conocernos. Un cerebro pequeño opondrá resistencia a esta idea, bajo la tesis de que no venimos a este mundo a sufrir ni a ser mártires, y que probablemente yo sea un tipo deprimido. Una mente primitiva sólo puede lidiar con absolutos; con extremos simples y fáciles. Que lo feliz es lo más maravilloso en el mundo, y es absoluto. Que el amor es perfecto, el matrimonio es regla, y todos somos héroes en nuestra comunidad.
Gente que cree qué su familia es la mejor, que hacen siempre lo mejor, quieren siempre lo mejor, y bueno; sólo lo bueno. Dios los prohiba de caer ante la tentación de hacer lo que desean. Por eso creen que ser feliz es absoluto y correcto. Gente que vive encerrada en esta caja que les han dado, y es obediente sobre lo que debe o no hacer. Que carece del carácter para decidir por sí mismo, y hacerse responsable de sus acciones. A la que le molesta gente como yo, que los ponen en evidencia.
Viven encerrados en un mundo de máscaras, siguiendo un conjunto de reglas imposibles de cumplir. Incapaces de revelarse, disimulan y fingen, que todo esta bien y correcto. Todo siempre esta bien, y feliz. Su felicidad es el aroma del pecado que corroe sus propias vidas. Por las noches se flagelan ante la presencia de otras emociones. En su lecho de muerte admiten su debilidad.Yo no vine a este mundo a ser solamente feliz, vine a ser libre de ser lo que quiera ser.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario