Puede que sea cierto, que la fuerza de mi alma se alimente de proteger a otros. El fuego que corre por mis venas se enloquece y corre intensamente, cada vez que encuentro algo que valga la pena proteger. Me vuelvo capaz de lograrlo lo que sea, me siento libre de alcanzarlo todo. La verdad es que en este mundo hay tan pocas cosas que valgan la pena proteger, que cuando encuentro alguna mi vida grita con un brillo que ni el miedo mismo puede silenciarle.
Tal vez sea idealista pensar que la fuerza del hombre debe ser usada para ayudar a otros, no para dominarlos. Igual de ingenua puede ser la idea de que en realidad el que se dedica a proteger a otros no busca nada más que protección para si mismo. Soñador es aquel que crea que es mejor dar que recibir, fanfarrón aquel que lo mencione. Pero nada importa. La fuerza de estas manos, la vida en mis pulmones, la determinación en mi mirada; mi voluntad lo domina todo. Mi deseo abruma a la duda y la razón.
Tal vez sea que mi vida no ha sido fácil, que mi camino lo he caminado solo, que he tenido que defenderme y protegerme del mundo con mis propias manos. Uno a uno perdí a mis protectores, y me enfrente al mundo armado con nada más que promesas y sueños. El mundo me ha aplastado, deshecho hasta los huesos, sin razón y sin piedad. Puede que haya gritado y gritado por un protector que nunca llego, y en consecuencia yo crecí para convertirme en uno. Puede que parte de mi crea que si soy capaz de proteger, tal vez, pueda ser digno de ser protegido, no lo sé.
Lo que si se es que una vida donde no proteja nada no esta completa, el mundo no puede ser tan frío. Si al final de los días tengo que recordar mi camino, será sabiendo que en cada paso dedique mi cuerpo y alma a proteger aquello que fue valioso para mi. Si el final de los días me encuentra mañana, me iré sabiendo que hasta hoy protegí todo lo que mi alma deseó.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario