7.11.2012

Océano


En el océano cada vez que alguien da un respiro el agua pierde algo de claridad. Mientras más escucho las voces de los demas, la claridad de mis pensamientos se vuelve más borrosa. Cuando me encuentro dentro de este intimidante bosque, puedo sentir la presión del mundo sobre mis hombros.  Así como las flores crecen a pesar de la nieve, no debo de permitir que mi voluntad sea abatida por la de otros.

Ya no le tengo miedo a nada, he perdido todo mi miedo. Aun cuando las hojas que se tornan amarillas sienten con más intensidad la gravedad que las guía hacia el suelo, ellas no temen caer. No le tienen miedo a nada, han perdido su miedo. Están vivas, y eso es todo lo que necesitan para seguir adelante; todo lo que necesitan saber con certeza.

El océano frente a mis ojos expone su débil superficie, y la nube que guía mis pasos lentamente me lleva hacia él. Lo que pueda pasar no me da miedo, lo he dejado atrás. Paso a paso veo el sol nacer, y con un suspiro me refugio bajo la lluvia. Nada me da miedo, baño mi corazón y mis manos en estos sentimientos de satisfacción y de paz, y sigo hacia adelante.

Camino con confianza sobre este impredecible océano. El sentido común y la duda no tienen lugar, ya no los necesito más; dejo que la vida fluya, sin miedo, ya no tengo miedo. Como las hojas que cambian de color, siento como la gravedad guía mis pasos. Estoy vivo, y eso es todo lo que necesito para seguir adelante.

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