En mi mundo uno siempre es libre y las únicas limitaciones son las que nos imponemos nosotros mismos, no importa la situación o circunstancia, uno siempre es libre de decidir como abordar cada momento, y uno siempre es libre de decidir mira hacia arriba y seguir adelante o no. La voluntad y la fuerza son lo que definen nuestros limites, y lo más importante es nunca dejar de intentar alcanzar tus metas. Fallar es tan bien visto y celebrado como no hacerlo. De hecho, el coraje de intentar algo donde es muy probable que uno vaya a fallar podría fácilmente ser mi definición de grandeza. En mi mundo la gente no se rinde, la gente reflexiona, aprende, perdona y mejora constantemente, buscando convertirse en mejor ser humano. Aquí la gente no tiene miedo de estar sola, sino que busca descubrirse y conocerse, ser autentico e irrepetible. En mi mundo la gente viene a dar, no a recibir.
Y es por todo esto que este mundo a mi me parece un lugar ajeno e incomprensible. Lleno de millones de personas, todos nacidos iguales, con sueños, aptitudes, cualidades y defectos; con una infinita capacidad de amar y ser felices. A pesar de esto, la vida pasa y nos exige, y en nuestro mejor esfuerzo tratamos de responderle y seguir adelante, cargando con nosotros las secuelas de sus embates, las heridas y las culpas. Uno a uno, poco a poco, empezamos a perder la voluntad y dejamos de intentar; dejamos de creer que el mundo que deseamos es posible, y nos conformamos a vivir en el mundo que tenemos; que nos ha sido impuesto y es inmutable. El mundo que ven mis ojos, es un mundo poblado mayormente por personas que se han rendido y viven en eterna resignación. Resignación que lentamente se transforma en negación, arrepentimiento y culpa; que lo hace aún más difícil para levantarse nuevamente con el corazón en alto y el espíritu abierto y volver a intentar.
Veo gente que fue herida y cree que eso le da el derecho de lastimar a otros. Gente que se traiciono y nunca pudo entenderse, perdonarse. Gente que desea a gritos mudos poder ser si misma pero vive aterrada de lo que pensaran los otros; que la invade el miedo de descubrir sus propias fallas y debilidades, y aceptar que no es la persona perfecta que debería de ser; viviendo en conflicto eterno consigo mismo. Gente que sabe que pudo haber hecho tantas cosas si tan solo lo hubiera intentado en lugar de ceder ante el miedo, y ahora esta convencida que es muy tarde para hacer algo al respecto. Gente que amó, y fue lastimado, y cree que ya nunca más será capaz de volver amar; gente que dio y no fue correspondida, y ahora cree que lo único que merece es recibir. Gente que no se acepta como es, y busca desesperadamente la aceptación de otros, pretendiendo ser perfecta, que nunca falla, que nunca aprende, que no intenta y no perdona.
Gente que vive para convertir a la demás gente en personas como ellos, para estar menos solo, o al menos que todos estén solos en conjunto; que vive para convencer a todos que ser diferente esta mal, que lo raro es defecto y que el individuo no tiene lugar en sociedad. Gente repleta de infinito potencial para reflexionar, aprender y superar todos estos retos, y convertirse en luces que guíen el camino de los futuros caminantes, en lugar de ser lastres que los lleven consigo al fondo del pozo.
Yo vivo en este mundo que no entiendo, con todo su potencial humano entumido, subyugado. Lo recorro en busca de los otros raros, de los pocos que se atreven a cuestionar al mundo y desafiarlo; aquellos que buscan caminar su propio camino, decidir sus propias metas. Es un mundo en donde tengo tanto por aprender como para enseñar, donde habitan otras personas que han creado sus propios mundos, donde siempre hay algo nuevo por hacer, descubrir o intentar. Usted que esta leyendo esto, le sugiero que cierre sus ojos y mire en el fondo de su alma y se pregunte en cual de todos los mundos vive.
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