Con mis manos fuertemente sujeto mis rodillas, el piso es más frió de lo que había pensado. Lentamente me recargo contra la pared, es tan fría que parece estar cubierta por afiladas agujas que atraviesan cada poro de mi piel. Con una mano toco la pared, y es como si no estuviera ahí, no se siente nada.
El tiempo parece no importar en esta esquina, no sólo eso, en realidad nada parece importar en este lugar. Mi piel desnuda se vuelve una con el piso, estas dos paredes, comparten mi dolor. Desde aquí abajo la ventana parece inalcanzable, y no puedo distinguir si de ella sale o entra luz, en realidad no me importa, nada importa.
Concentro mi atención en mis rodillas, las sujeto fuertemente, de esa manera me sujeto a mi mismo, y me ayudo a no caer. Me aferro a mi, con una patética fuerza interna, mientras mi otra mano, vencida, rendida, con su último aliento le suplica a la pared por un poco de compasión.
Mis ojos grises no permiten ver nada, mis labios secos; erosionados por la leve brisa de mi respiración, no sienten sabor. Solo un pequeño destello rojo fluye desde ellos hasta mis entrañas, llevando consigo los restos de la sangre que aún corre dentro de mí. Por un instante, levanto la mirada, y lo veo a él, parado desde el otro lado de la ventana, se parece a mi, pero él es fuerte, erguido, imponente. Al siguiente instante, ya no esta.
¿Será que en algún momento me perdí? ¿Acaso me separé de el? ¿O el se separó de mi?
El tiempo parece no importar en esta esquina, no sólo eso, en realidad nada parece importar en este lugar. Mi piel desnuda se vuelve una con el piso, estas dos paredes, comparten mi dolor. Desde aquí abajo la ventana parece inalcanzable, y no puedo distinguir si de ella sale o entra luz, en realidad no me importa, nada importa.
Concentro mi atención en mis rodillas, las sujeto fuertemente, de esa manera me sujeto a mi mismo, y me ayudo a no caer. Me aferro a mi, con una patética fuerza interna, mientras mi otra mano, vencida, rendida, con su último aliento le suplica a la pared por un poco de compasión.
Mis ojos grises no permiten ver nada, mis labios secos; erosionados por la leve brisa de mi respiración, no sienten sabor. Solo un pequeño destello rojo fluye desde ellos hasta mis entrañas, llevando consigo los restos de la sangre que aún corre dentro de mí. Por un instante, levanto la mirada, y lo veo a él, parado desde el otro lado de la ventana, se parece a mi, pero él es fuerte, erguido, imponente. Al siguiente instante, ya no esta.
¿Será que en algún momento me perdí? ¿Acaso me separé de el? ¿O el se separó de mi?
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