Ni aquellos que han experimentado el rechazo de personas a quienes han tratado de acercarse, pueden imaginar la brutalidad del rechazo del mundo entero. De alguna manera el que nada tenga sentido de repente lo tiene. Recuerdo la primera vez que me opuse al rechazo. Pase diez días sin contacto humano. Un duelo de orgullos entre el mundo y yo, que evidentemente perdí pero no sin haber aprendido algo. La delgada linea entre lo que se puede interpretar como rechazo del mundo o rechazo de uno mismo. O como ignorancia de uno mismo. De las cosas que uno cree que sabe, o cree que quiere, pero en realidad sabemos tan poco sobre nosotros. Es aterrador pensar sobre nosotros, y pasar tiempo con nosotros mismos. Es aterrador visualizar nuestra presencia en frente del mundo y de la inmensa presión que nos subyuga. Es mejor cerrar los ojos, doblar las manos, y abrir las piernas. Independientemente de nuestros propios conflictos, es un hecho que si rechazamos al mundo, el nos rechazara de vuelta. Pero no todo es causa perdida. El misterioso y peligroso camino que se abre por en medio del conflicto es uno lleno de potencia, y de potencial humano.
En busca de la libertad de descubrir y vivir mi propia definición de la experiencia humana, rechace todo lo que considere mundano y cliché. Por mi buena fortuna he encontrado múltiples burbujas de libertad, de lugares y personas excepcionales con las cuales puedo disfrutar de mi caótica existencia y compartir nuestra curiosidad mutua por la vida y por el mundo. Incluso dentro de lo normal, he tenido la suerte de conocer a personas con pasión y con talento que demuestran que no tiene uno que estar loco y en guerra con el mundo y aun así encuentran la manera de explorar su humanidad con placer y alegría, dentro de los confines de las jaulas que les han sido asignadas. Pero ese no es mi caso. Mi jaula me la asigne yo mismo, y no puedo jamas salir. Y a pesar de estos maravillosos encuentros, la realidad es que la mayor parte de mis días los paso viviendo en exilio dentro de un mundo que repudio y extraño al mismo tiempo, que juzgo y no juzgo, que quiero y no quiero; que me juzga y no me quiere. Realmente estoy convencido que puedo ser tan brillante como pendejo.
Lo curioso es que en las buenas y en las terribles, sin distinción, me alegra haber salido. Que mi vida sea difícil, que las personas no me entiendan, que yo no me entienda, que mis malas sean muy malas y que mis buenas sean pocas pero intensas; que prefiera no estar a regresar al mundo. A pesar de los errores y los fracasos, nada supera el saber que has hecho todo lo posible por hacer tu vida tuya. Por qué aceptamos vivir en un mundo donde uno no puede ser uno mismo? Por qué gastar nuestra corta existencia repitiendo lo que aquellos que vinieron antes de nosotros esperan que hagamos? Por qué es tan fácil ceder e ir con la corriente en lugar de tener la fuerza para tratar de caminar nuestro propio camino? Por qué por querer hacerlo a veces me siento defectuoso? Qué esta mal en mi?
Supongo que las respuestas a estas preguntas son la razón por la cual el mundo es un lugar tan popular, donde vive la mayoría de la gente. Ahí viven protegidos del verdadero destino y la incertidumbre, no tienen que responder estas preguntas ni tienen que decidir y hacerse responsables de sus vidas. Claro, tienen su versión, valida, de incertidumbre y decisiones. Pero es una versión amordazada, como de concurso de televisión vespertino. Tienen una definición de común acuerdo de "bueno" y "malo"; idea que simplemente me es incomprensible, y juzgan, y se juzgan, en base a la vara pública. La opinión de otros es más importante que la propia, y la opinión propia es aquella que creamos la mayoría estará de acuerdo. Esto aplicado a conjuntos resulta en que ninguna opinión tenga valor. Y es que tener una opinión propia requiere carácter, confianza y fuerza. Y cómo demonios vamos a tener dichas cualidades si vivimos en un mundo que nos "protege" de cualquier situación que fomente su verdadero desarrollo? No es tan sólo hasta cuando el mundo falla y la protección padece, que las circunstancias ponen a prueba la madera de los hombres para vivir en el exilio o hundirse en sus recovecos.
Es por eso que creo que solamente pueden ser libres los accidentados o los extraordinarios. De los extraordinarios no se mucho, pero se bastante sobre nosotros, los accidentados. Quienes por una serie de terribles eventos nos forjamos, nos rompemos, y nos volvemos a forjar. Si, todos en la vida tomamos decisiones. Si la familia y la geografía es "buena" (sepa el carajo que significa bueno en este sentido) decidimos que carrera profesional estudiar, con quien reproducirnos, en estos tiempos "modernos" nuestra preferencia sexual, el numero de hijos, propiedades y ahorros. Eso es una mierda. Si esas son todas las decisiones que uno toma en este vida, uno no esta más que viviendo una vida de cartón. Qué sabe uno de la vida si nunca se ha sentido tranquilo sino hasta tener cerca su veneno, mientras que al mismo tiempo siente miedo de consumirlo? El placer al consumirlo, y la vergüenza al despertar. El resto, la amplia gama de emociones humanas, de experiencias y situaciones. Todo lo que existe fuera de la caja, lo "bueno" y lo "malo". Carajo, qué tal un mundo sin "bueno" ni "malo"? Un mundo las cosas son lo que son, sin juicio ni gloria. Los accidentados somos forzados a salir, unos regresan y otros no.
Yo no regrese, y ahora vivo en el exilio público. De vez en cuando cruza mi mente la idea de regresar a una vida "normal", pero la ironía es tan fuerte que bloquea mi sentido del olfato. De todos modos, escribo esto en búsqueda de otros exiliados, o curiosos, con la expectativa de que aquellos en un camino como el mío no se sientan solos, y que aquellos que estén flotando decidan regresar o no. Escribo esto por que algún día yo regresare como lector, y entonces no me sentiré solo, por que sabré que yo estuve aquí conmigo.
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