Trate de explicar como la vida tiene dos caras, y como las personas tenemos la necesidad de desarrollarnos para entendernos los unos a los otros, y de explorarnos para entendernos a nosotros mismos. De como por lo general no existe un equilibrio entre ambas caras, y pasamos la mayor parte de nuestras vidas buscando la aprobación de otros, en lugar de la propia. Que no tiene nada de malo ser. Ella me escuchaba, y mientras que no me ignoraba, insistía en que seguro todo se trataba de una mala experiencia, que se me iba a pasar y volvería a ser normal. Salimos del café y nos despedimos.
Al llegar a su casa cerro la puerta y tiró todo en el sofa. Tomó una ducha de agua tibia, breve. Navegó por internet como lo hace normalmente, hasta que se hizo tarde, apagó todo y se preparó para dormir. Recostada, miraba al techo y recordaba nuestra platica. Mis locas ideas de explorar lo "bueno" y lo "malo" dentro de nosotros, de ponernos a prueba y dominarnos. Pensó sobre el chico que le gusta, pero con el que no puede hablar no sólo porque es mujer y las mujeres no "hacen avances" con los hombres, sino porque tiene novio, sin estar segura de por que lo tiene.
Pensó en si realmente quiere dedicar su vida sirviendo a un hombre y a sus hijos. Comenzó a sentirse incomoda. Pensó en como sería su vida si fuera hombre y, como yo, pudiera elegir "hacer lo que quisiera". Pensó en como sería su vida si no tuviera que mantener siempre la misma imagen. Comenzó a sentirse molesta. Pensó nuevamente en el chico, y en esos videos que de vez en cuando mira por las noches. Se acelero el pulso, y la respiración. Comenzó a tocarse con sentimientos mixtos entre lujuria y libertad.
Por un instante, a su mente regreso la imagen mia y de mis ideas locas de explorar cada rincón de nosotros mismos, de ser libres de ser lo que queramos ser cuando queramos ser. Al instante siguiente regreso su imagen de niña buena, que inmediatamente reprobó sus pensamientos y acciones. Se sintió sucia y enferma, se detuvo súbitamente. Todo esto era mi culpa, susurró molesta. Que su enojo no era conmigo sino con ella, que yo tan sólo la puse en evidencia, susurró molesta. Cállate! susurró.
Desde ese día, no me volvió a hablar.
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