De vez en cuando recuerdo cuando era niño y como mi abuelo me explicaba como es que en esta vida todos tenemos un numero finito de palabras para intercambiar con cada persona que conocemos. El decía que era muy curioso porque uno no puede saber con anticipación cuantas palabras serán, y mucho menos para que persona. Lo único que sabes es que desde nacemos traemos con nosotros un numero fijo de palabras que les regalaremos a cada persona que encontremos a lo largo de nuestro camino. A mi todo este tema me parecía muy interesante, sobre todo por que el podía contarme a detalle historias de como se le acabaron las palabras con tantas personas a lo largo de su vida, por tantas diferentes razones, y de como fue que el vivió toda su vida consciente de esto, a gran medida logrando tener una vida libre de arrepentimientos.
El decía que la virtud se encuentra en hacer el esfuerzo constante por decir las palabras correctas con la gente correcta, mientras aún te queden palabras para ellos. Para ser sincero, su perspectiva al principio me parecía ridícula ¿A final de cuentas, como puedes saber cuantas palabras te quedan para intercambiar con otra persona? Creo que yo era muy joven para entender la gran sabiduría de mi abuelo, y la gran lección de vida que me estaba enseñando. La verdad es que no puede ser nada menos que irónico el hecho de que esas fueron las últimas palabras que compartió conmigo. Vaya manera de hacerme entender la lección! En su infinita sabiduría, siempre supo elegir las palabras correctas para compartir con la gente que quiso.
La vida entera se nos va entre silencios y palabras. Hay personas que solo están destinadas a cruzar nuestro camino brevemente, con cuyas tenemos un numero reducido de palabras para compartir. Hay otras personas con quienes tenemos un aparente sin fin de palabras por compartir. Pero en esta vida todo tiene fin, y aveces es a causa de que la vida misma se nos acaba que se nos terminan las palabras, mientras que otras veces aún en vida los caminos se separan y no se reúnen nunca más. No hay manera en que podamos saber con anticipación cuantas palabras podremos compartir con las personas a nuestro alrededor, sin embargo siempre podemos hacer el esfuerzo de que, mientras podamos, compartamos las palabras que realmente queremos decir.
Cada día, cada mañana, cada saludo y despedida, cada una de ellas puede ser la última palabra que compartas con es persona. Yo no se cuantas palabras queden entre nosotros, estimado lector, pero lo que si se, es que al igual que mi abuelo, le dedico estas palabras, y espero que al igual que yo, las comparta con quienes crucen su camino, de corazón. Nunca hay que olvidar que solo es cuestión de tiempo antes de que todas las palabras entre nosotros, entre ustedes, incluso con uno mismo, un día terminen; si uno aún tiene algo que decir, si aún puede decir algo, dígalo, no permita que el silencio le robe sus palabras.
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