Finalmente, después de una larga y extenuante búsqueda encontré mi limite en la cima del mundo, y la verdad es que encontrarlo en realidad no significo nada, no valió nada. Los años siguen su curso y la verdad es que aun no tengo claro mi destino, mi búsqueda, ni mi respuesta. La verdad es, que nada de eso en realidad importa, ni existe.
Destino, búsqueda, respuesta, son tan solo distracciones impuestas por el mundo tan solo para alejarnos de lo que es realmente importante. La verdad es que no he encontrado algo que sea realmente importante. Tal vez tuve que obtenerlo todo primero, para poder entender lo que realmente significan, y valen, las cosas.
El destino final tan solo es un regreso al inicio, la pregunta y la respuesta siempre estarán presentes, cambiantes. El camino, cualquiera que sea, cualquiera de los cientos de millares de caminos que se nos presentan, también es irrelevante. Nuestra voluntad, nuestros deseos y metas, no son nada más que elaboradas alegorías de historias de alguien más.
Control, la mayor (des)ilusión de todas, en realidad no controlamos nada. Planes, nada más que escondites para las acciones que no queremos tomar. Acciones que no queremos tomar, en realidad no es más que miedo a enfrentarnos y conocernos a nosotros mismos. Conocernos a nosotros mismos, el regreso al origen.
El camino reside únicamente en el presente, y la dicha, se encuentra todo el tiempo, en todos lados, en lo simple y lo divino de la vida que nos rodea, y que con nuestro ocupado estilo de vida no somos capaces de ver. Una sonrisa, un atardecer, una buena taza de té. Despertar en la mañana, saborear la comida, mirar a alguien fijamente a los ojos, regresar a la cama y relajar cada célula del cuerpo.
La gente que pasa posponiendo la felicidad para cuando el tiempo avance, para cuando obtenga algo, no hace nada más que vivir en negación de la felicidad que nos rodea ahora mismo. Gente que vive recluida en un pasado, lleno de hermosos y invaluables recuerdos, no permite que el presente le brinde la felicidad que trae consigo.
La felicidad la traemos con nosotros mismos desde el momento en que nacemos, y poco a poco vamos reemplazandola por felicidad que obtenemos de otras personas, cosas y tiempos. Tristemente perdemos la capacidad innata de ser feliz, y pasamos una vida entera buscandola de vuelta; pasamos la vida entera buscandonos; buscando el regreso al origen.
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