Dentro de la maquinaria uno pierde el sentido de la vida, es un proceso que lentamente desensibiliza y entume. Joel, un joven artista, es un triste ejemplo de un hombre vuelto máquina. A simple vista pareciera tenerlo todo, una vida, una casa, un trabajo, una pareja, una familia. En cada faceta de su vida distintas personalidades de Joel trabajan como engranes para producir lo que en conjunto es un complejo, y normal, ser humano maquinado. Conforme pasan los años, cada personalidad, cada engrane, se refina y se ajusta mejor a los demás, la maquinaria se vuelve fina y estable. Joel ha dejado atrás aquella época donde era capaz de agregar o moldear más engranes, y ahora simplemente vive en la rutina de cambiar de roles dependiendo de las circunstancias.
Su arte, alguna vez intenso y apasionado, ahora es estructurado y refinado. Sus emociones son medidas y premeditadas, las situaciones predecibles y los resultados los esperados. Claro, de vez en cuando, en soledad o en colectivo, actúa con más intensidad de lo normal, parte fundamental de un buen engrane, pero eso es tan sólo la manera de seguir el protocolo y funcionar. Pobre Joel, en algún momento, sin darse cuenta, decidió cambiar vivir por funcionar, y ahora no entiende que le paso, a el, a ellos, a todos, al mundo.
Funciona con su pareja, hace y dice lo que debe, es cariñoso y responsable. Funciona con la familia, y es particularmente eficiente en el trabajo. Todo va, y va bien. Sin embargo, de vez en cuando, en aquella rara ocasión donde por algún error la maquinaria falla y el alma de Joel puede dar un respiro, es invadido por un vacío de duda, de auxilio. En ese breve instante el alma de Joel grita desesperadamente, grita desde el fondo y exhala cada poro de su cuerpo, lo estremece. Es un intento casi fútil de recordarle que, afuera de la máquina, hay toda una vida que lo esta esperando; que le ofrece nuevas piezas, retos, milagros y sueños.
Durante ese breve instante, Joel puede sentir lo que no ha sentido en tanto tiempo, lo que alguna vez lo hizo grande, lo que juro que nunca jamás iba a dejar de sentir. Por un segundo, aveces menos, Joel deja de ser una máquina y se siente, como si fuera su primera vez, como un ser humano. La maquinaria se reinicia, retoma el control de Joel, y lentamente le hace olvidar lo que acaba de sentir. A diferencia de la transición de humano a máquina que ocurre de manera oculta, iterativa y accidental, la metamorfosis de máquina a humano sólo puede tener lugar a traves de la conciencia del espíritu y del valor de la piel. Para volver a ser humano, Joel necesita desear volver a nacer.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario