En una noche como cualquier otra, un sujeto desconocido tocó a su puerta. A pesar de no recibir respuesta, el individuo narró un cuento, obtenido de un sueño ajeno, más bello que un millar de poemas, que trascendió el espacio y llego hasta ella.
Nunca notó cuando se le acercó, nunca observó cuando las copas se secaron, ni cuando el cenicero se desbordó con palabras increíbles que la transportaron a otro momento, a otro lugar. Por un instante , su cuerpo sintió el frío aire que se filtraba por debajo de la puerta, suficiente para hacerla parpadear y ver, que él, ya no se encontraba ahí; estaba sola, acompañada de un sin fin de increíbles palabras, ideas y sueños. Sin saber que hacer con aquellos nuevos pensamientos, rápidamente salió en su búsqueda, solamente para encontrarlo en la siguiente puerta, narrando el mismo cuento, y volviéndose a marchar.
Decepcionada, repleta de vacíos causados por la superficial esperanza que le brindo aquel relato, permaneció estática durante horas, hasta que finalmente susurró al viento del amanecer: "¿Y ahora, que debo hacer?" ; el viento, no respondió.
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