Entro al departamento, frio y muerto como de costumbre. Paso directo al baño y dejo correr el agua de la tina. De ahí camino rumbo a la recamara y en breve lo encuentro en el mismo lugar de siempre, sentado ahí esperándome, serio. Nos miramos a los ojos, sin decir una palabra ambos sabemos lo que el otro esta pensando. Parloteo un poco; finjo. Él sabe perfectamente lo que esta pasando. Doy un paso hacia delante, él pela los dientes. El mismo viejo baile. El agua de la tina comienza a desbordarse. Me arremango la camisa, dejo desnudas mis cicatrices de heridas causadas por este mismo encuentro.
Él me observa cuidadosamente, analiza a detalle cada uno de mis gestos y palabras; puede leerme perfectamente. Pero hoy no, hoy no digo nada, ni siento nada. Me lanzo sobre de él, con una mano sujetando fuertemente el cogote y con la otra presionando su cuello, asfixiándolo. Sangre empieza a correr por el suelo, me ha mordido la mano izquierda. No hago ni un gesto de dolor. Intento cargarle, pero con sus garras deshila mi piel. Irrelevante, lo cargo y forcejeamos hasta el baño, la tina esta lista.
Mientras camino puedo sentir la inmensa fuerza de su mirada, sus ojos puros y profundos parecen comprender exactamente lo que planeo. Aún así, no pide disculpas ni piedad, no deja de ser intimidante. Trato de sumirlo en el agua, sus orejas lobunas son lo único que sobresale. El forcejeo es magnifico. Su fuerza contra la mía, mi coraje contra su ira y mi miedo contra su voluntad. Es el momento más hermoso que he vivido. En medio del conflicto lagrimas empiezan a fluir de mis ojos, no puedo explicarles. El agua se ha tornado carmesí a causa de mis heridas. La bestia exige todo de mi, no me la hace fácil.
Súbitamente, el forcejeo se detiene, su cuerpo peludo se torna pesado y frio. Por fin lo he logrado. No lo puedo creer. Permanezco unos minutos tirado junto a el, en aquella tina de lagrimas y sangre. Comienzo a sentir algo parecido a culpa o remordimiento, pero no dejo que me domine. Tenia que hacerse. Pierdo ligeramente la conciencia, cabeceo un poco. Al parecer he perdido mucha sangre. Qué importa, por fin he logrado vencer eso que me ha perseguido toda la vida. He demostrado que soy mejor que él, que pude más.
Reanimado, me levanto. Tomo la toalla más cercana y comienzo a limpiarme. Mi piel se siente áspera, mis poros gruesos. Algo es diferente. Miro con atención mis manos, con dedos largos y afilados. Mis brazos, hace unos segundos pintados con cicatrices ahora dan asilo a un pelo entre azul y gris, grueso y triste. Mis ojos, se tornan azules, puros. Algo no esta bien ¿Qué es esta inmensa melancolía que estoy sintiendo?
No puede ser ¿Acaso habrá sido esto parte de su plan? ¿Empujarme hasta el punto de odiarle y darle fin, tan solo para convertirme en él? ¿Es que acaso el lobo no tiene piedad que incluso en la hora de mi victoria me humilla y me controla? ¿Será que tenga incluso la menor oportunidad de poder enfrentarme a él? Aun después de mi “victoria” se burla de mi, y de mis ingenuos intentos de domarle. Solía pensar que el lobo y yo éramos uno, cuando en realidad se siente más como si él solamente juega a ser yo de vez en cuando, y a de vez en cuando, dejarme ser.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario