Después de cada tormenta, uno solo puede hacer dos cosas, seguir adelante a pesar de los daños, las heridas y las perdidas, o quedarse estático intentando regresar a un momento que simplemente ya termino. Bueno, no necesariamente, la verdad es que uno también puede hacer otra cosa. Uno puede quedar perdido en el limbo, entre la tormenta y la calma, la noche y el día, el rechazo y la aceptación. Indiferente hacia la vida y viceversa, sin temerle al pasado, sin ansiar el futuro, cansado, resignado, frío, infeliz. Cuando se desgasta el alma al punto que necesita un respiro, donde ya no da para ir para adelante ni para atrás. Inerte, triste y somnoliento, en el mejor de los momentos uno solo puede llegar a sentir melancolía; y sin darse cuenta, ese sentimiento se convierte en el mejor de todos. Bien o mal, feliz o triste, principio o fin, en realidad nada importa, lo único que hay es cansancio, desesperanza, desapego y desilusión; de lo bonito y de lo feo, de lo bueno y de lo malo, de lo ocurrido y de lo que esta por venir.
Detente, no sigas, respira, descansa, este estado no es estar, este estado debe terminar. Déjate caer, derrúmbate, piérdete, ríndete, cede. Pierde. Siente lo que tengas que sentir, enfrenta lo que tengas que enfrentar; destruyete, destrúyelo todo. Y de tus cenizas, de tu piel quemada y marchita, de tus huesos débiles y rotos, tal vez obtengas nuevas fuerzas, un sin fin de emociones alimenten tu alma, y te harán fuerte. Suficientemente fuerte para levantarte, mejor que antes, con una nueva convicción que te llevara hacia adelante, hasta que ya no aguante, hasta que nuevamente ya no pueda más. El salir de este cansancio vale la pena el riesgo de volver a nacer, el salir de este cansancio es lo único lo debe importar.
Detente, no sigas, respira, descansa, este estado no es estar, este estado debe terminar. Déjate caer, derrúmbate, piérdete, ríndete, cede. Pierde. Siente lo que tengas que sentir, enfrenta lo que tengas que enfrentar; destruyete, destrúyelo todo. Y de tus cenizas, de tu piel quemada y marchita, de tus huesos débiles y rotos, tal vez obtengas nuevas fuerzas, un sin fin de emociones alimenten tu alma, y te harán fuerte. Suficientemente fuerte para levantarte, mejor que antes, con una nueva convicción que te llevara hacia adelante, hasta que ya no aguante, hasta que nuevamente ya no pueda más. El salir de este cansancio vale la pena el riesgo de volver a nacer, el salir de este cansancio es lo único lo debe importar.
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