11.23.2010

Miedo

Cuando cierras tus oídos cierras tu corazón, y ya no tienes que enfrentarte a este mundo tan cruel. Sin embargo, ¿qué logramos con aislarnos del mundo? En lugar de huir de el, deberíamos tratar de entenderlo. Incluso más alla del mundo, como individuos ¿en realidad intentamos entendernos? Es lo que nos gusta decir, pero realmente creo que hacemos tan poco al respecto. Es más fácil escudarse en la bandera del lastimado, del agredido, y convertir el dolor en odio, ignorando nuestra propia falta de voluntad para entender a los demás; siempre prefiriendo escapar de las cosas que nos lastiman. 

Los humanos nos hemos vuelto débiles, de carácter y de espíritu. Incapaces de tomar decisiones, de salirnos del camino preestablecido y crear uno propio. Nos aterra el cambio, lo desconocido y la incertidumbre, de alguna manera podría decirse que nos aterra la vida en si. Buscamos refugio en lo ya probado, en lo estático, en lo preestablecido. Le rogamos al mundo que nos permita pertenecer a el, aunque eso implique abandonar nuestra propia esencia, resulta que en este mundo pertenecer es más importante que ser

Una existencia que gira alrededor del miedo y la pertenencia, ya sea a nunca obtener lo que no se tiene, o a no perder lo que ya se obtuvo. Una vida donde no sabemos dejar el pasado atrás, y vivimos culpándonos irremediablemente por cosas que ya no deben ser. Has lo que se espera que hagas, no te atrevas a intentar de nuevo, se obediente, y el miedo y la culpa te prometen una vida tranquila, y gris. Todo ese esfuerzo desperdiciado. Todo ese potencial humano, entumido. Si en lugar de tenerle miedo al miedo, y odio al pasado, enfocáramos esa fuerza y esa voluntad en tratar de entendernos, realmente escucharnos y querernos como somos, todo este ejercicio al que llamamos vida seria sin lugar a dudas digno de ser vivido. 

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