Me atrevería a afirmar que la mayor satisfacción del ser humano viene a través de la realización de sus ¨por qués¨. La búsqueda interminable por encontrar las razones por las que estamos aquí, hacemos lo que hacemos y somos quienes somos. Una y otra vez, ¿Por qué?
¿Por qué las cosas tuvieron que resultar así? ¿Por qué no fuimos capaces de entendernos mutuamente? ¿Por qué no escuchaste, o no escuche? Navegar el camino del ¨por qué¨ es una tarea peligrosa, ya que fácilmente puedes perderte en sus laberintos, y alejarte de ti mismo en un camino vacío que no lleva a ningún lado. Por otro lado, evadir el camino del ¨por qué¨, de la reflexión y el entendimiento, es igual de peligroso, ya que de otro modo probablemente termines cometiendo los mismos errores, una y otra vez.
¿Por qué lo hice? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Cuál es el merito en alcanzar una meta, aprender una lección o emprender un camino, si no entendemos el porque detrás de ellos? La vida esta llena de ¨por qué¨. ¿Por qué las cosas no pueden ser como antes? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué hice, o por qué no? El ¨por qué¨ es el eslabón que junta el arrepentimiento con la motivación, el pasado con el futuro, y al mismo tiempo existe siempre en el presente, detrás de cada acción y de cada decisión.
La virtud radica en no ahogarse buscando todas las respuestas, ni ignorando todas las preguntas, sino, en tener la sabiduría para diferenciar las preguntas que valen la pena responder, y en tener el coraje para hacerlo.
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