Estas cuatro paredes, son mi penitencia. Este caminar lento, este viento frió, este calor que no alimenta, es mi penitencia. Esta soledad acompañada, este tibio atardecer, este sentimiento atemporal de inexistencia, es mi penitencia. Por sobre todas las cosas, este dolor entumido, inexistente, inexplicable, ineludible, es mi penitencia. Todo acto humano tendrá inevitablemente una consecuencia. Todo aquel que asuma el costo de sus decisiones y encare el duelo de sus consecuencias, invariablemente tendrá una penitencia. En este momento, yo aquí escribiendo, experimento en carne viva mi propia penitencia. Si logro soportarla, ella me hará libre, y no importa que tan difícil sea, se que si logro pagar mi penitencia, saldré fortalecido.
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